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Es curiosa la poca tolerancia a los espacios muertos que solemos tener las personas, existe una costumbre social de rellenarlos con palabras inútiles, que como es de esperarse, dan lugar a conversaciones prefabricadas.

Creo que el caso más representativo de este comportamiento esta dado por quienes gustan hablar del tiempo. Las frases armadas, que abundan, suelen ser el puntapié inicial. Solo por citar algunas: "¡Que feo día!", "Uh, volvió el calor", "Lo que mata es la humedad", "Siempre que llovió paró" y el clásico "¿Irá a llover?" –para este ultimo es requerido que el ejecutor incline la cabeza hacia arriba mientras lo evoca.

Hablar del estado meteorológico termina siempre en charlas inútiles y evitables. Considero que esta conducta es culturalmente aprendida, aprendemos a no dejar espacios ni lugares incómodos, sobre todo en presencia de desconocidos.

Supongamos que cada conversación meteorológica dure aproximadamente un minuto. Si sumamos todas estas conversaciones inútiles, que al menos tendremos cada tres días por el resto de nuestras vidas, obtenemos el aterrador número de cinco días completos, en los cuales mantendremos conversaciones de libreto de las que no somos dueños.

Por eso, y en vistas de que el tiempo es escaso, tratemos de ganarte unos días a nuestras vidas entablando, en los espacios blancos, conversaciones de temas originales y propios; o bien disfrutando del silencio, que algunas veces nos hace tan bien.

Creer algo como natural y suponer una sucesión de hechos posteriores suele llevarnos al desengaño.
La infortunada historia de Juan y Eleonora empieza cuando se conocen. Ella atravesó la rutina de él, cortándola para siempre.
Los presentaron en un bar, y la química del encanto hizo que el resto de la noche sintieran que eran casi la misma persona.
Palabras, frases interrumpidas y risas, sobre todo risas, eran la esencia de ese particular momento.
Solo salían a lugares encontrados al azar y no estaba permitido terminar ninguna charla. Estas eran reglas implícitas de un juego mágico.
Hasta que la incertidumbre entró en el juego. Ahí algo se rompió.
Juan empezó a dudar y a evaluar posibilidades en su cabeza. Ella comenzó a ser indiferente, pero nunca fue clara.
Que fáciles hubieran sido las cosas sin ambigüedades y dudas.
La verdad que nuestro muchacho, con mucha resignación, dejo que se fuera sin siquiera saber porqué. Decidió dejar de llamarla y de pensarla. Esto le produjo un nudo en el estomago que algunos llaman angustia. Era imposible para él determinar si esta sensación poco grata duraría horas o años.
Eleonora, por su parte, sintió que era necesario tomar una breve distancia para ver como se comportaba él. Lo que no sabía es que estaba rompiendo la extraordinaria conexión que habían logrado. Nunca supo porqué razón Juan dejó de llamarla, y con el tiempo decidió olvidarlo.
Ambos fueron presos de un desengaño producto de la falta de sinceridad.
Ya muchos años pasaron y los rumbos de ambos no volvieron a cruzarse.
Suponen ser felices con otras personas, pero nunca pudieron volver a experimentar la conexión que tuvieron aquella primera noche.

Recién, volviendo de almorzar, pude prestar atención a un hecho del que quizás alguna vez fuimos autores.
La gente que estaba esperando el semáforo iba lentamente avanzando sobre la calle aun estando el indicador peatonal en rojo. Parece una pavada, pero la forma en que se abalanzaban hizo preguntarme: 

¿Cual es el apuro de la gente?

Y ahí mire alrededor y vi que estas personas estaban aceleradas. Empecé a pensar en dos ejemplos que son temas recurrentes en charlas con amigos:

-Cuando caminamos no respetamos las señales peatonales, y renegamos de los automovilistas que se detienen sobre la senda peatonal.
-Cuando andamos en auto, odiamos a los peatones que se tiran abajo de nuestro vehículo auto, y cuando tenemos oportunidad usamos la bocina como extensión de nuestra ira o nos paramos sobre el camino del peatón.

Solo con esto, creo que hay algo claro:

No hay respeto hacia el otro. Se pretenden los derechos, pero no las obligaciones.
Se me ocurre que nuestra sociedad está en una etapa adolescente.

¿Vos respetas al otro?

A veces,  si se presta atención, en la noche es posible encontrar personajes altamente caricaturescos.
Uno de ellos fue descubierto por Romina. Este señor (de edad bastante mayor que la media) deja que su cuerpo sea dominado por la música. Lo curioso es que cuando bailaba, siempre lo hacia empezando en un punto y terminando en el mismo punto, describiendo una circunferencia; así fue que se gano apodo de "El hombre que baila en circulo".
No todos son tan joviales como el circunvalante antes mencionado. "Capusotto", quien gano su sobrenombre por su parecido con el actor, es un hombre de unos 50 y largos que se mezcla en el boliche queriendo pasar desapercibido. Siempre que salgo lo cruzo, ahí con un vaso de algo y cara de nada, haciendo el lugar un poco mas bizarro.
Ellos no me conocen, pero al tenerlos presentes siempre que los veo se me dibuja una sonrisa.
No esta en mis planes transformarme en un personaje de salida, pero si sigo divagando por bares inevitablemente me convertiré en uno de ellos.

El otro día abrí la heladera, saque un agua saborizada y me serví en un vaso. Mientras tomaba me di cuenta que el sabor me recordaba algo, de golpe me ilumine: esto tiene gusto a jugo!!!.
Si si son unos delincuentes del marketing y la publicidad, compramos jugo embotellado, y lo pagamos bien caro como corresponde.
Mi vieja (a la que tanto le pedía que me compre gaseosa), era una visionaria. Ella compraba jugo y en mi casa todos lo mediodías tomábamos eso. Si hubiese sabido que estaba tomando "agua saborizada", mi vida habría sido otra.

Cámaras digitales, teléfonos de ultima tecnología que filman, al alcance de todo el pueblo.
A la gente le gusta registrar el momento que esta pasando para poder vivirlo mas tarde, a través de la televisión.Probablemente mostrándolo como un trofeo de guerra, "mira estuve ahí".
El viernes pasado estuve en un recital en velez, y quede sorprendido por la manera en la que actuó la gente. De repente todos el mundo era un cameraman. Cosa que resulto bastante fastidiosa, es complicado mirar el recital a través de las cabezas de adelante, mas aun con cámaras digitales puestas entre mi visión y el artista.
El punto es si queres verlo filmado miralo por la tele (que lo vas a ver de puta madre), o comprate el dvd (o bajalo de internet). Pero por favor no lo filmes!!!, interrumpís la visión ajena, y vivís un recital en vivo a través de la pantalla de la cámara.
Algunas conductas son inexplicables.