Al viajar en subte para volver a mi casa solía observar a la gente. Los miraba a todos, miraba sus manos, sus caras, su ropa y sobre todo miraba sus actitudes.
Un desafortunado día se me ocurrió un curioso juego, tratar de encontrar una palabra única para cada persona en el vagón. De más esta decir lo inútil de este pasatiempo, pero resulto muy entretenido.
Al señor, que estaba a la derecha de la puerta del medio, con la cara cansada y el alma transparente (su vida parecia no tener sentido), lo llamé "solitario". La señora que estaba por bajar, tenia el pelo de dos colores y sus hombros estaban elevados por hilos invisibles, para ella elegí la palabra "Altanera". Una muchacha, situada a tres personas a mi derecha, se gano la palabra "Suave". A un hombre, con la piel arrugada y el ceño fruncido, le toco "Estresado".
Cuando estaba por bajar los había etiquetado a todos, y me di cuenta que era yo el único sin etiqueta. Para ahorrarme la vergüenza de explicarle a alguien semejante juego (para que elija una palabra por mi), trate de imaginarme desde afuera. Ahí con un poco de amargura me di cuenta que palabra indicada era "Mirón".
Luego de ese día no pude seguir observando a las personas, ni seguir jugando ese juego. Desde entonces leo, o a veces, miro el suelo.

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